Por qué la mayoría de rutas no te enseñan a leer el paisaje
A menudo caminamos por la naturaleza como quien visita un país extranjero sin conocer el idioma. Avanzamos entre montañas, valles y bosques con admiración, pero sin comprender del todo qué estamos viendo. Y no es una cuestión de falta de interés. En muchos casos, es consecuencia de cómo se plantean la mayoría de rutas interpretativas.
Gran parte de las rutas se centran en el recorrido, en el esfuerzo físico o en ofrecer datos sueltos: nombres de picos, altitudes, especies concretas. Información correcta, sí, pero aislada. Como aprender palabras sueltas sin entender la frase. Así, el paisaje se convierte en un decorado bonito, pero mudo.
Leer el paisaje implica otra forma de estar en la naturaleza. Significa preguntarse por qué el valle es amplio o estrecho, por qué el sendero evita una ladera, por qué el bosque cambia de repente. Significa entender que el paisaje natural es el resultado de procesos lentos —geológicos, climáticos y biológicos— que han actuado durante miles o millones de años.
Sin embargo, pocas rutas invitan a observar con calma. Pocas fomentan un senderismo consciente, donde se conecten formas, materiales y procesos. En su lugar, se nos ofrece una experiencia que se consume rápido y se olvida con la misma rapidez.
En ALUNA creemos que la naturaleza no solo se recorre: se lee. Y cuando aprendes a leer el paisaje, cada salida deja de ser un paseo más y se convierte en una historia que continúa más allá del camino.
Quizá el verdadero viaje empiece cuando dejamos de caminar en automático.

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